Las revisiones oculares son imprescindibles para detectar las complicaciones oculares derivadas de la diabetes y evitar la posible pérdida de visión .

  • Se estima que el riesgo de ceguera en el diabético es 25 veces mayor que el de la población general.
  • Las fluctuaciones en los niveles de glucemia pueden provocar cambios repentinos en la graduación

Más de cuatro millones de personas conviven con la diabetes en España, cifra que representa aproximadamente el doce por ciento de la población. Estas personas presentan un mayor riesgo de perder uno de los sentidos más preciados: la visión. Se estima que el riesgo de ceguera en el diabético es 25 veces mayor que el de la población general. Por ello, el Consejo General de Colegios de Ópticos-Optometristas, con motivo del Día Mundial de la Diabetes, hace un especial llamamiento para que las personas con diabetes se conciencien de lo imprescindible que son las revisiones periódicas, ya que la detección y el tratamiento tempranos pueden limitar la posibilidad de pérdida de visión.

Pero las revisiones periódicas no solo son útiles para detectar las complicaciones oculares de la diabetes, sino que, además, pueden ser claves para detectar la propia diabetes, tal y como advierte el Presidente del Consejo General de Colegios de Ópticos-Optometristas, Juan Carlos Martínez Moral: “En ocasiones, los primeros signos de diabetes se descubren durante un examen ocular rutinario”.

Complicaciones oculares asociadas a la diabetes

La diabetes se asocia con un grupo de problemas oculares que pueden derivar en pérdida de visión o, incluso, ceguera. En concreto, las personas con diabetes presentan un mayor riesgo de:

  • Retinopatía diabética, que es el daño a la retina, la capa más interna del ojo, causado por un inadecuado control de la glucosa durante un periodo prolongado. Aunque la mayoría de las personas con diabetes tipo 1 y muchos pacientes con diabetes tipo 2 experimentarán finalmente algún grado de retinopatía, el diagnóstico temprano y un tratamiento adecuado pueden detener la pérdida de visión. Las personas que sufren retinopatía diabética no suelen notar cambios visuales drásticos, especialmente al inicio de su enfermedad, cuando puede ser tratable, lo que pone de manifiesto la utilidad de las revisiones periódicas.
  • Cataratas, un oscurecimiento del cristalino que bloquea o cambia el modo en que la luz alcanza el ojo.
  • Glaucoma, que es un incremento de la presión del fluido en el interior del ojo que provoca daños en el nervio óptico y pérdida de visión. Los diabéticos presentan el doble de riesgo de padecer glaucoma que el resto de las personas.
  • Edema macular, una acumulación de líquido en la zona más sensible de la retina que causa visión borrosa en la parte central o lateral del campo visual.
  • Desprendimiento de la retina, una de las causas más comunes de ceguera en la diabetes, que tiene lugar cuando los vasos sanguíneos separan la retina de la parte posterior del ojo.

Además de estas complicaciones, en las personas con diabetes, las fluctuaciones en los niveles de glucemia provocan cambios refractivos, que se traducen en aumentos o disminuciones de la agudeza visual. Ante un episodio de hiperglucemia, el cristalino experimenta variaciones que desembocan en miopía, con lo que el paciente tendrá dificultades para ver de lejos. Al controlar rápidamente la glucemia, se produce justo el efecto contrario.

Todos estos cambios son transitorios hasta que se alcanza la estabilización de la glucemia. Tanto es así que los cambios refractivos continuos pueden ser una señal de que la persona padece diabetes, mientras que en los pacientes ya diagnosticados a menudo reflejan un descontrol metabólico.

Lentes de contacto desechables, solución transitoria

En estos periodos en los que se experimentan cambios refractivos por un descontrol glucémico, es recomendable el uso de lentes de contacto desechables. “Se trata de una solución cómoda, rápida y eficaz, que evita cambiar las lentes de las gafas hasta que la graduación se estabilice”, explica Martínez Moral.

Revisiones, según la etapa vital

Para detectar a tiempo las posibles complicaciones oculares de las personas con diabetes, conviene realizar revisiones oculares atendiendo a la etapa vital:

–          Entre los diez y los 29 años, se debe realizar un examen completo, como mínimo, entre los tres y los cinco años posteriores al diagnóstico de la diabetes y, luego, una vez al año.

–          Los mayores de treinta años deben acudir al especialista en el momento del diagnóstico de la diabetes y, posteriormente, una vez al año.

–          Las embarazadas en estado pre-diabético deben someterse a una revisión ocular antes de quedarse embarazadas y durante el primer trimestre de gestación.

–          Las personas diabéticas con complicaciones oculares deben examinarse con mayor frecuencia.

 

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Cada año fallecen más de 1.400 personas mayores de 65 años a causa de caídas dentro y fuera del hogar.

La Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, coincidiendo con el Día Internacional de la Discapacidad, que se celebra el sábado 3 de diciembre, advierte de los problemas de movilidad y barreras arquitectónicas a los que se enfrenta el anciano con discapacidad.

  • Según la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) las consecuencias médicas de las caídas suponen con frecuencia el inicio de la discapacidad en el anciano. Así, una de cada diez caídas genera lesiones severas: fractura de cadera, hematoma subdural, contusiones y heridas, entre otras.
  • La Sociedad Española de Geriatría y Gerontología denuncia que, aunque el derecho a la movilidad y la necesidad de eliminar barreras arquitectónicas esté ampliamente legislado, son escasos los estudios que a nivel nacional comprueben el cumplimiento de la legislación a este respecto.

Con la edad, el riesgo de caídas aumenta, nuestros reflejos ya no son lo que eran y nos movemos más lentamente. Al hecho de envejecer, se unen una serie de enfermedades prevalentes como el Parkinson, las demencias, la artrosis, los problemas visuales o auditivos, aumentando el riesgo considerablemente. Pero, además de estos problemas físicos que llegan con los años, hay que añadir las barreras arquitectónicas que tienen que superar a diario los ancianos discapacitados.

Más discapacitados que dependientes

Según la encuesta de discapacidad de 2008, el número de personas con alguna discapacidad o limitación por encima de los 65 años es de 4.454.200, de los cuales 2.415.900 tienen problemas de movilidad.

Actualmente, el 25,51 por ciento de la población mayor de 65 años es dependiente. Hablamos de una cifra total de 2.064.486 dependientes, lo que supone que las personas con discapacidad doblan en número a las personas dependientes.

Mortalidad y caídas

Existen registradas, en el año 2009, 1.438 personas por encima de los 65 años que han fallecido por una caída. Esto supone el 25 por ciento del total de muertes accidentales anuales en ese rango de edad, sin haber datos claros sobre morbilidad de las mismas.

“Nos encontramos con que, como en otros muchos aspectos, los ancianos son los más proclives a tener una discapacidad frente a la población general”, explica el doctor Alfonso González, coordinador del Grupo de Osteoporosis, Caídas y Fracturas de la SEGG. “La discapacidad física les hace más vulnerables a las caídas, que representan según el Instituto Nacional de Estadística más de 1.400 muertes al año”, advierte el doctor González.

Consecuencias físicas y personales

Los estudios epidemiológicos indican que uno de cada tres ancianos se cae al menos una vez al año. El estigma personal y social que para un anciano supone una caída, provoca que, en ausencia de lesiones severas, el afectado no solicite ayuda, y dichas caídas menores queden sin registrar. Reconocer por parte de un anciano que se ha caído, le supone admitir, en cierto modo, la pérdida de autonomía personal, tan valorada a estas edades.

“Lo dramático de esta situación es que las cifras oficiales son muy inferiores a la magnitud real del problema. El anciano que se cae, si puede, oculta la caída, por lo que muchas veces desde la Geriatría no podemos poner en marcha la medidas de prevención adecuadas. Hay que concienciar a la población mayor que las caídas son un importante problema de salud y que existen especialistas dedicados a prevenirlas y tratarlas. Lamentablemente —explica el doctor González— son las consecuencias médicas mayores las que ponen de manifiesto el problema, y éstas son con frecuencia el inicio de la etapa de discapacidad. Así, una de cada diez caídas genera lesiones severas, entre las que podemos citar la fractura de cadera, el hematoma subdural y contusiones y heridas, entre otras”.

Recomendaciones para evitar caídas

Ante este problema de gran magnitud, la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, recomienda llevar a cabo las siguientes acciones tanto dentro como fuera del hogar:

En el hogar:

1- Los muebles nunca deben ser un obstáculo. Si es necesario, pide a alguien que los mueva para poder moverte libremente sin tener que esquivarlos.

2- No dejes nada en el suelo, ni alfombras, mantas, cajas, cables u otros objetos. Puedes acabar tropezando con ellos.

3- La iluminación de los espacios es muy importante. Utiliza bombillas de al menos 60 vatios de potencia y si se funde alguna y no puedes cambiarla, pide ayuda a familiares o vecinos, pero no te quedes a oscuras.

4- A la hora de subir escaleras, asegúrate de que la barandilla está firmemente agarrada y si hay alfombra, que ésta esté sujeta a cada uno de los escalones.

5- Intenta colocar los utensilios de uso habitual al alcance de la mano para evitar usar escaleras. Nunca te subas a una silla para alcanzar algo.

6- Usa zapatos de suela antideslizante y tacón bajo y evita las sandalias o chanclas.

7- Si no te sientes seguro al caminar usa un bastón o un andador, así la base de apoyo será mayor.

8- Si el suelo de la ducha o del baño es resbaladizo, coloca esterillas de caucho antideslizantes bien fijadas al suelo. Y, si es posible, cambia la bañera por un plato de ducha. Además, haz que te instalen barras de apoyo, te ayudarán a la hora de entrar o salir de la ducha o de levantarte del retrete.

9- Haz ejercicio regularmente. El ejercicio fortalece el cuerpo y mejora el equilibrio y la coordinación.

10- Pon un teléfono cerca del suelo, por si te caes y no te puedes levantar o, mejor aún, lleva contigo un dispositivo de alarma que te permita pedir ayuda en caso de caída.

En la calle:

Es imprescindible que se cumpla el Real Decreto 505/2007, de 20 de abril, donde se indican las condiciones básicas de accesibilidad y no discriminación de las personas con discapacidad para el acceso y la utilización de los espacios públicos urbanizados y de las edificaciones. En el artículo 17 de dicho Real Decreto, también se regula la obligación de garantizar accesibilidad y seguridad del peatón, con un paso continuo y sin resaltes, en caso de obras, así como “una señalización adecuada y rigurosa de delimitación, advertencia y peligro, que debe ser perceptible por personas con cualquier tipo de discapacidad”.

A pesar de que el derecho a la movilidad y la necesidad de eliminar barreras arquitectónicas esté ampliamente legislado, incluso en nuestra Constitución, lo cierto es que son escasos los estudios que a nivel nacional comprueben el cumplimiento de la legislación a este respecto.

El público en general y las instancias decisorias ignoran a menudo el gran número de personas que viven con discapacidades y deficiencias y los problemas que han de afrontar.

Según las OMS, alrededor de un 15 por ciento de la población mundial, es decir, mil millones de personas, viven con algún tipo de discapacidad.

Sobre la SEGG

La Sociedad Española de Geriatría y Gerontología es una de las sociedades europeas más numerosa y activa. Actualmente cuenta con más de 2.400 socios de áreas multidisciplinares: médicos (especialistas en geriatría, en atención primaria, etcétera), sociólogos, diplomados en enfermería, trabajadores sociales, psicólogos, pedagogos, terapeutas, ocupacionales, fisioterapeutas, geógrafos, arquitectos, economistas, farmacéuticos…

Para la SEGG, las personas mayores son su principal razón de ser y por ello su trabajo persigue dos líneas principales de actuación: la universalización de la atención geriátrica especializada con el fin de evitar desigualdades y el seguimiento de la ley de la “dependencia”.

La mitad de los ancianos con diabetes desconoce su enfermedad.

La Sociedad Española de Geriatría y Gerontología advierte de que, a partir de los 70 años, la diabetes se desencadena de manera silenciosa.

La valoración geriátrica integral es básica para detectarla a tiempo.

  • La diabetes es una patología que afecta en la actualidad a cerca de 4 millones de españoles (12 por ciento de la población), de los cuales el 40 por ciento de los nuevos diagnosticados son personas mayores de 65 años, según informa la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG).
  • En los mayores de 70 años el porcentaje de prevalencia supera el 15% y se calcula que, en la actualidad, aún el 50 por ciento de los ancianos que padecen diabetes desconocen su enfermedad.
  • A partir de los 65 años, la obesidad, el exceso de grasa abdominal y el aumento de peso que se produce a partir de los 50, propician un mayor riesgo de diabetes.

La Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) denuncia que el cincuenta por ciento de los ancianos con diabetes no está diagnosticado. Es precisamente en las personas de mayor edad en donde la diabetes presenta unas manifestaciones atípicas que dificultan su diagnóstico. La SEGG, con motivo del Día Mundial de la Diabetes que se celebró el lunes 14 de noviembre, advierte que la valoración geriátrica integral es indispensable para evitar que la enfermedad puede pasar desapercibida.

La diabetes es una enfermedad grave que se presenta cuando los niveles de glucosa en la sangre son muy altos. La diabetes puede causar problemas de salud de alto riesgo (hipoglucemias, problemas cardiovasculares, patologías oculares, daños en el riñón, etcétera) que se agravan en las personas mayores. De hecho, la diabetes es una enfermedad que aumenta con la edad y el 40 por ciento de los diagnosticados de diabetes son mayores de 65 años. Se espera que los afectos por esta dolencia se incrementen sobremanera en los próximos años debido a la proliferación de algunos hábitos de vida poco saludables como el sedentarismo o a patologías como la obesidad, informa la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG).

Ancianos que no saben que son diabéticos

A pesar de la prevalencia creciente de la diabetes, es bueno saber que los altos niveles de glucosa en sangre pueden ser controlados para ayudar a contrarrestar la enfermedad y prevenir o retrasar la aparición de problemas en el futuro. Pero este control no sucede en todos los casos, ya que en la actualidad la mitad de los ancianos diabéticos desconocen que lo son, por lo cual no están tratando su enfermedad, y esto aumenta el riesgo de deterioro funcional, según informa la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología. Muchos de estos ancianos sin diagnosticar están sufriendo problemas de salud que achacan a los años. Esto puede ser debido a enfermedades que no estén bien tratadas, entre ellas, la diabetes.

Además, al deterioro funcional que sufren los ancianos con diabetes se suma un deterioro cognitivo debido a la neurotoxicidad causada por la hiperglucemia, la hipoglucemia, la insulina o por los productos glicosilados, lo que complica aún más si cabe el problema.

Peculiaridades del anciano diabético

El paciente anciano tiene unas características particulares que hacen que controle peor su enfermedad, ya que el deterioro funcional y el cognitivo empeoran sustancialmente su calidad de vida y su control de la enfermedad. Algunos pacientes ancianos con deterioro cognitivo pueden no entender bien las bases del tratamiento y no saber qué hacer ante la aparición de una complicación, por ejemplo, una hipoglucemia. Asimismo, tienen, además, más riesgo de errores en la medicación (por ejemplo, pueden administrarse un exceso de insulina).

Un mal control de la enfermedad puede llevar a la aparición de complicaciones microvasculares (retinopatía, neuropatía y nefropatía) y macrovasculares (circulación vascular periférica, arterosclerosis en deterioro carotídeo o coronaria).

Otras circunstancias que pueden dificultar el manejo de la diabetes en el paciente mayor pueden ser el empeoramiento de la agudeza visual, la depresión, los problemas sociales o la limitación del acceso a comidas equilibradas.

Además, los pacientes diabéticos usan el doble de recursos tanto hospitalarios como extrahospitalarios que los pacientes no diabéticos. Los pacientes de más de 75 años presentan mayores tasas de mortalidad que los pacientes del mismo grupo sin diabetes.

Por otra parte, la prevalencia de discapacidad en pacientes ancianos diabéticos es del 66 por ciento comparado con el 29 por ciento de los no diabéticos, apunta la SEGG.

Recomendaciones de la SEGG para el mayor diabético

La Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), recomienda las siguientes actuaciones en cuanto al tratamiento, control y seguimiento del paciente mayor diabético:

  • Es necesaria una educación continua de la familia, cuidadores y personal de medios residenciales.
  • La instrucciones al paciente mayor diabético deben ser simples.
  • El tratamiento del anciano debe ser individualizado. Hay que tener en cuenta si padece deterioro cognitivo y deficiencias sensoriales.
  • Se recomienda la práctica de deporte: preferiblemente ejercicios de resistencia como caminar o bicicleta. El ejercicio aeróbico es beneficioso para retrasar la aparición de la diabetes y para mejorar la resistencia a la insulina en aquellos con la enfermedad establecida.
  • Se aconseja la pérdida de peso, ya que incluso leves pérdidas aportan beneficios.
  • Es recomendable la reducción de los factores de riesgo cardiovascular, incluido el tabaquismo.
  • Los sistemas de alarma colgantes o en domicilio pueden resultar de gran utilidad para controlar al anciano diabético.
  • Es necesario que los mayores diabéticos se sometan a una revisión anual. En los ancianos frágiles o muy dependientes, los controles deben ser frecuentes para asegurarse que los tratamientos son los apropiados y no presentan reacciones adversas.
  • La dieta debe ser controlada (sobre todo es necesario reducir las grasas), al igual que el resto de fármacos que tomen (polimedicación).
  • Se debe vigilar el aumento de peso, la tensión, la microalbuminuria (signo precoz de nefropatía), los pies y la glucosa periódicamente.
  • Los test urinarios de glucosa son menos fiables, ya que en este grupo de pacientes el umbral renal glucémico se encuentra alterado.

Sobre la SEGG

La Sociedad Española de Geriatría y Gerontología es una de las sociedades europeas más numerosa y activa. Actualmente cuenta con más de 2.400 socios de áreas multidisciplinares: médicos (especialistas en geriatría, en atención primaria, etcétera), sociólogos, diplomados en enfermería, trabajadores sociales, psicólogos, pedagogos, terapeutas, ocupacionales, fisioterapeutas, geógrafos, arquitectos, economistas, farmacéuticos…

Para la SEGG, las personas mayores son su principal razón de ser y por ello su trabajo persigue dos líneas principales de actuación: la universalización de la atención geriátrica especializada con el fin de evitar desigualdades y el seguimiento de la ley de la “dependencia”.

 

¿Cómo detectar y evitar situaciones de malos tratos en las personas mayores?

La Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) presentó la Guía del Buen Trato a las Personas Mayores.

  • El objetivo de la SEGG con esta Guía del Buen Trato a las Personas Mayores es dar a conocer los factores de riesgo de maltrato, indicadores y medidas de prevención e intervención ante las diferentes formas de maltrato.
  • La mayoría de los casos de malos tratos a mayores pasan desapercibidos, lo que hace de este difícil problema un fenómeno invisible que pone en peligro la integridad física o psíquica de la persona por acto u omisión, ya sea en el ámbito familiar, comunitario o institucional

Todos y cada uno de nosotros deseamos y tenemos derecho a ser tratados bien, y en general, suele ser así. No obstante, en determinados momentos y situaciones somos tratados de forma inadecuada. Esta misma situación puede experimentarla las personas mayores, tanto en el ámbito familiar como en el ámbito institucional e incluso a través de los propios medios de comunicación. Esta posibilidad conduce a la necesidad de detectar las diferentes señales de alarma cuya presencia pone en peligro el buen trato hacia las personas mayores, de ahí que la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología haya creado la Guía del Buen Trato a las Personas Mayores. Esta guía ayudará a las instituciones, familiares, cuidadores e incluso a la propia persona mayor, a detectar señales que evidencien una posible situación de trato inadecuado o la posibilidad de que ocurra.

Señales para empezar a actuar

La SEGG reconoce diferentes señales de alerta, pero para confirmar una situación de malos tratos es necesaria una evaluación pormenorizada y en profundidad  no sólo de la persona mayor, sino también del responsable de los posibles malos tratos y del contexto de la situación.

La SEGG clasifica así estas señales de alerta que todos debemos tener en cuenta a la hora de detectar y/o prevenir un posible maltrato:

  • Señales físicas.

Son el resultado de una acción u omisión cuya consecuencia es un daño o lesión física. Las señales más detectables son: carecer de la atención sanitaria necesaria provocando la presencia de úlceras, pérdida de peso inusual, deshidratación, malnutrición, etc. Incumplir el tratamiento prescrito, carencia de ayudas físicas (gafas, audífonos, dentaduras postizas, etc.). Sufrir problemas de higiene e ingresos repetidos en hospitales o que no acuda a citas médicas previstas.

  • Señales psicológicas y/o emocionales.

Surgen como consecuencia de acciones u omisiones que causan angustia o malestar en la persona mayor. Que la persona se muestre impotente o indefensa, o bien sienta cólera, ansiedad, baja estima depresión y falta de comunicación. Que sea tratada como un niño, ignorada, aislada o que no se respete su intimidad.

  • Señales sexuales.

Son consecuencia de un contacto de carácter sexual no consentido (lesiones y daños en la zona genital, enfermedades venéreas, etc.)

  • Señales económicas.

La apropiación indebida y/o explotación de los recursos económicos y materiales de la persona mayor, como el robo, utilizar los fondos o propiedades de la persona mayor sin su consentimiento, retirada de dinero de las cuentas bancarias, etc.

  • Señales sociales.

Son consecuencia de estereotipos negativos asociados al envejecimiento, relacionando a las personas mayores con calificativos peyorativos: dependientes, pasivos, improductivos, intolerantes, conservadores, etc. Además, la escasez de políticas y recursos sociales para poder permanecer en el domicilio, la presencia de barreras arquitectónicas, la falta de geriatras en atención sanitaria o negación de tratamientos por razones de edad son ejemplos de falta de buen trato.

¿Cómo quieren ser tratadas las personas mayores?

Según la Guía del Buen Trato a las Personas Mayores, para llegar a dar un buen trato a nuestros mayores, debemos tener en cuenta cómo quieren ser tratados:

  • Los mayores quieren ser tratados con respeto, igual que cualquier persona, sin tener en cuenta su edad.
  • Las personas mayores quieren ser escuchadas, que se les permita expresarse y que se tengan en consideración sus opiniones y preferencias.
  • Quieren ser informados de forma clara y detallada sobre sus enfermedades y sobre las posibilidades diagnósticas, terapéuticas o de cuidado que existan.
  • Permitir que elijan y que no se les presione cuando tomen decisiones sobre su salud, el lugar en donde quieren vivir o las ayudas sociales que quieren recibir.
  • No culpar de todos sus males a la edad o que son quejicas.
  • No hacerles sentir como una carga porque tengan problemas de salud o tomen muchos medicamentos.
  • Tener paciencia si se mueven más lentamente o tardan más en entender las explicaciones.
  • En definitiva, las personas mayores quieren ser tratadas con amabilidad, afecto y cariño.

El Buen Trato debe darse en todos los aspectos vitales de la persona mayor:

  • Buen trato en la familia: No dejes que la familia decida por ti, tú llevas las riendas de tu vida y por lo tanto has de tomar las decisiones que consideres adecuadas en todos los aspectos: personales, sociales, familiares y económicos. Respeta, valora y acepta consejos pero ten en cuenta que tú decides.
  • Buen trato en el centro de salud: El buen trato tiene que ver con la realización en el centro de salud de acciones que promuevan, no sólo la autonomía física y social de los mayores, sino también su autonomía moral y prevengan la dependencia funcional, ayudándoles a lograr que alcancen la mayor calidad de vida posible.
  • Buen trato en el hospital: La mayoría de los recursos hospitalarios no están adaptados a las características de los pacientes ancianos. Para el manejo de estos pacientes debemos sobrepasar el concepto  muchas veces usado y pocas veces puesto en la práctica de la “individualización”. Pretender que un paciente anciano, pluripatológico y con frecuencia con uno o varios síndromes geriátricos se adapte al sistema sanitario en lugar de adaptarnos nosotros a ellos es definible como ausencia de buen trato.
  • Buen trato de los vecinos: La comunidad debe conocer y reconocer el valor de las personas de edad avanzada y su papel protagonista en la vida de la comunidad. Así mismo los mayores han de saber que cuentan con los mismos derechos y deberes que el resto de los vecinos e integrarlo en su vida cotidiana.
  • Buen trato en la ciudad: A los problemas de movilidad cabe añadir las limitaciones visuales, auditivas y tantos otros frecuentes, especialmente, en personas mayores. Hemos diseñado y diseñamos ciudades a espaldas de las personas de edad. La accesibilidad o inaccesibilidad desde cualquier punto de vista (circulación, zonas peatonales, señalizaciones, sonoridad y otras tantas) puede condicionar y, de hecho, condiciona el que los mayores puedan llevar a cabo una vida normalizada.
  • Buen trato en los medios de comunicación: Mostrar el envejecimiento como una etapa más de la vida rescatando los valores que encarnan las personas mayores. Incluir a las personas mayores en todo tipo de informaciones, en plano de igualdad con los demás, evitando el lenguaje peyorativo y discriminatorio que contribuye a reforzar los estereotipos sociales. No caer en el paternalismo y huir del dramatismo y el sensacionalismo.