La lectura en dispositivos electrónicos.

Libros electrónicos, tabletas, portátiles, teléfonos inteligentes… Las ventas de estos dispositivos electrónicos se han disparado hasta convertirse en el regalo estrella. La primera consecuencia de esta multiplicación de pantallas es que nuestros patrones de lectura están cambiando de manera radical. Según el último Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en 2011, elaborado por la Federación de Gremios de Editores de España, más de la mitad (el 52,5 por ciento) de la población española de 14 años o más lee en formato digital, es decir, en las pantallas de ordenadores, teléfonos móviles, agendas electrónicas o e-readers. No obstante, según este barómetro, solo el 6,8% de la población afirma leer libros en este formato. Los españoles empleamos los soportes digitales mayoritariamente para leer el periódico (34,3%) o para consultar webs, foros, redes sociales…

Resulta indudable que la lectura electrónica ofrece muchas ventajas respecto a la lectura tradicional, pero, ¿afecta de alguna manera a nuestra visión? La respuesta a esta pregunta es sencilla: si tras horas sentados frente a un libro sentimos cierto “cansancio” ocular, esta incomodad visual aumenta con las pantallas de los dispositivos digitales. 

Fatiga visual

Si dedicamos muchas horas a una lectura intensiva nuestros ojos se pueden resentir, pero más aún si utilizamos dispositivos como e-books, tabletas, iPhone o el ordenador, ya que estos suelen situarse a distancias más alejadas de los ojos que los libros. Juan Carlos Martínez Moral, Presidente del Consejo General de Colegios de Ópticos-Optometristas, recuerda que “aproximadamente un 75% de los usuarios de ordenador padecen el denominado Síndrome de Fatiga Visual”. Entre sus síntomas se incluyen:

• Molestias oculares: tensión, pesadez de ojos, picores, quemazón, necesidad de frotarse los párpados, somnolencia, escozor ocular, aumento del parpadeo…

• Trastornos visuales: dificultad al percibir los caracteres en las pantallas, visión borrosa al mirar de lejos, diplopía (o visión doble)…

Síntomas extraoculares: cefaleas, vértigos y sensaciones de desasosiego y ansiedad, además de molestias en la nuca y la columna vertebral.

Luz directa frente a luz indirecta

Desde una perspectiva visual, los ordenadores, las tabletas y los teléfonos inteligentes son similares entre sí, ya que todos cuentan con pantallas que se iluminan. Esto supone una cierto inconveniente para los ojos del usuario, ya que, normalmente, mantener la mirada fija en una fuente de luz directa provoca fatiga visual.

Los e-book, por el contrario, utilizan tinta electrónica, lo que significa que sus pantallas no están iluminadas, sino que ofrecen una imagen que debe ser iluminada desde fuera, como ocurre con el papel. Por lo tanto, al igual que con un libro impreso, el nivel de luz ambiental resulta clave para una visión cómoda.

En cualquier caso, la lectura de un libro electrónico, un ordenador o un libro en papel, independiente de si la pantalla está retroiluminada o no, provoca fatiga visual, por lo que es imprescindible realizar descansos de manera regular.

Decálogo para una correcta lectura electrónica:

Para evitar estos problemas y mantener una correcta salud visual, el Consejo General de Colegios de Ópticos-Optometristas recomienda tener en cuenta una serie de consejos, especialmente si utilizamos soportes electrónicos para la lectura:

  • 1. Haz descansos cada cierto tiempo: como mínimo, una pausa de cinco minutos por cada hora de lectura.
  • 2. Los trastornos relacionados con el Síndrome de Fatiga Visual son provocados por trabajar reiteradamente a la misma distancia. Para descansar los músculos oculares, alterna la visión entre un objeto cercano y otro lejano cada veinte minutos (mirando por la ventana, por ejemplo).
  • 3. Recuerda que es necesario parpadear. Debido a la concentración, solemos hacerlo mucho menos de lo normal. Si aún así notas que tienes los ojos secos, también puedes recurrir a un colirio. Pide consejo a tu óptico-optometrista.
  • 4. Ajusta el brillo y contraste de la pantalla para que esté en consonancia con la iluminación de la zona de trabajo. Reducir la luz ambiental nos permitirá suavizar el brillo del monitor, mejorando así la visualización del texto.
  • 5. Asegúrate de que tienes la luz apropiada (mejor si es natural), pero recuerda que el exceso de luz también puede ser perjudicial. Opta mejor por una iluminación lateral para evitar los reflejos.
  • 6. Si nuestro monitor lo permite, deberíamos aumentar la velocidad de refresco de la pantalla. Una cifra de 70-75 Hz ya se considera como una buena medida para reducir la fatiga visual.
  • 7. Mantén el monitor de tu ordenador a unos 60 cm de distancia y ligeramente por debajo del nivel de los ojos. Atención en el caso de los niños, ya que por su estatura pueden encontrar la pantalla demasiado alta. Si utilizas un e-book, mantenlo a unos 35-40 cm de distancia de los ojos.
  • 8. Dentro de lo posible, ajusta el tamaño de la letra.
  • 9. No utilices estos medios electrónicos cuando estés muy cansado.
  • 10. No olvides someterte a una revisión visual anual. Defectos no corregidos, incluso de pequeña magnitud, como hipermetropía, vista cansada o astigmatismo, así como disfunciones en la acomodación o la visión binocular, pueden contribuir a que aparezcan síntomas molestos derivados de las exigencias visuales en visión próxima. Ante cualquier problema o duda, consulta con tu óptico-optometrista.

Fuente: Consejo General de Colegios de Ópticos-Optometristas.

La detección precoz es el tratamiento más efectivo contra el glaucoma.

El glaucoma constituye la segunda causa de ceguera en el mundo, solo superada por las cataratas, según datos de la Organización Mundial de la Salud. A pesar de su gravedad, la mitad de la población afectada por glaucoma lo desconoce, ya que generalmente no causa síntomas que adviertan de la patología. El problema es que, si no se detecta y se trata a tiempo, el glaucoma puede llegar a producir baja visión e, incluso, ceguera en el 5% de los casos. 

Se estima que en nuestro país el glaucoma afecta a más de un millón de personas. Su incidencia se incrementa con la edad. Así, en el grupo de 50 a 59 años, la incidencia se sitúa en el 2,1%. Esta cifra asciende al 2,3% en personas de 60 a 69 años y, una vez pasados los 70, alcanza el 3,5%.

El óptico-optometrista, aliado en la detección precoz.

Vista con glaucoma

El glaucoma es una lesión irreparable del nervio óptico, normalmente provocada por un fuerte aumento de la presión intraocular. Esta lesión causa una pérdida progresiva de visión, que normalmente comienza por la periferia del campo visual. Los especialistas suelen calificar al glaucoma como el “enemigo silencioso” o el “ladrón de la visión”, ya que, en la mayoría de los casos, el paciente no experimenta ninguna molestia ni ningún síntoma hasta que se produce una pérdida visual permanente e irreversible. De ahí la importancia del diagnóstico precoz y el tratamiento en estadios iniciales.

Por esta razón, y coincidiendo con el Día Mundial del Glaucoma, el pasado 12 de marzo, el Consejo General de Colegios de Ópticos-Optometristas quiere concienciar a la población mayor de 45 años de la importancia de someterse a una revisión ocular anual en un establecimiento sanitario de óptica. El óptico-optometrista es el profesional de la salud visual primaria y dispone de la formación y de la aparatología necesaria para detectar el glaucoma en sus estadios iniciales, antes de que el paciente sufra una pérdida visual importante e irreversible.

Según Juan Carlos Martínez Moral, Presidente del Consejo General de Colegios de Ópticos-Optometristas, “esa detección se basa en una exploración del fondo de ojo y la medida de la presión intraocular. Los ópticos-optometristas realizan estas y otras exploraciones de forma rutinaria en los establecimientos sanitarios de óptica”.

¿A quién puede afectar el glaucoma?

Aunque el glaucoma puede aparecer a cualquier edad, algunos grupos de pacientes son más proclives a desarrollar la enfermedad en uno o ambos ojos y, por lo tanto, deben acudir a las revisiones al menos una vez año:

Mayores de 45 años que no se hayan sometido a un examen ocular en los últimos años.
• Personas con antecedentes familiares de glaucoma, en especial de familiares directos como padres o hermanos.
• Pacientes con una presión intraocular alta.
• Personas con miopía elevada (mayor de 5 dioptrías). El nervio óptico de los ojos miopes es más susceptible a la lesión que el de los no miopes.
• Pacientes medicados con corticoides (en cualquiera de sus formas de administración).
• Personas que hayan sufrido un golpe o traumatismo en el ojo.
• Personas con diabetes. El aumento de los niveles de glucosa en sangre puede provocar graves daños en la retina (retinopatía diabética). Conviene llevar un buen control de la diabetes y someterse a revisiones oculares periódicas

En caso de nos afecte alguno de estos factores, debemos acudir a nuestro óptico-optometrista para que nos realice un screening mediante la tonometría sin contacto, una prueba sencilla, rápida e indolora con la que se mide la presión intraocular.

La Sociedad Española de Geriatría y Gerontología insiste en la importancia de la prevención para evitar catarros en las personas mayores.

El catarro o resfriado común es el cuadro agudo más frecuente en nuestro entorno. Podemos padecer dos o tres episodios anuales.

· La transmisión más frecuente de catarros se produce por las manos, por eso la mejor prevención consiste en una adecuada higiene de las manos y en evitar en la medida de lo posible el contacto con personas afectas.

  • Si un catarro no se trata adecuadamente y sus síntomas no mejoran después de diez o quince días, debe constituir una señal de alarma ante una posible complicación del cuadro catarral (sinusitis, bronquitis o neumonía, agudización de cuadros asmáticos, otitis del oído medio).
  • No existe un tratamiento específico para el catarro. Los tratamientos disponibles van dirigidos a aliviar los síntomas motivados por el cuadro vírico, pero no acortan su duración ni constituyen una cura efectiva para el mismo.

El catarro o resfriado común es una de las enfermedades más frecuentes en nuestro entorno. Aunque la mayoría de los catarros son leves y se resuelven en un periodo corto de tiempo, representan una de las causas principales de consultas médicas, según informa la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG).

Una amplia variedad de virus (aproximadamente 200 diferentes) son los causantes de los catarros que sufrimos cada invierno. “La mayoría de los virus provocan un único cuadro catarral, pero debido al gran número de virus causantes, podemos padecer múltiples cuadros catarrales a lo largo de nuestra vida. La mayoría de los adultos padecen dos o tres al año como media”, explica la doctora Aurora Viloria Jiménez, geriatra del Hospital Clínico San Carlos de Madrid.

Incómodos síntomas

Los síntomas del catarro son conocidos por todos, la congestión nasal, la rinorrea y los estornudos se vuelven presentes cuando nos contagiamos de un catarro. Pero, también son frecuentes el dolor de garganta, la tos y el malestar general. En cambio, es rara la aparición de fiebre en los adultos. Además, según explica Aurora Viloria Jiménez, algunos factores pueden agravar un catarro como son las enfermedades crónicas, las inmunodeficiencias, la malnutrición y el tabaquismo”.

No existe un tratamiento específico para el catarro y los tratamientos disponibles van dirigidos sólo a aliviar los síntomas motivados por el cuadro vírico, pero no acortan su duración ni constituyen una cura efectiva para el mismo”, añade la doctora. Además, “los antibióticos no son útiles en el tratamiento del catarro o resfriado común y sólo deben ser utilizados en enfermedades causadas por bacterias, pero son totalmente ineficaces contra los virus”, continua.

Los climas fríos o la exposición a corrientes de aire frío no generan catarros, al contrario de la creencia habitual. Los mecanismos de transmisión de un catarro son los siguientes:

· Contacto por las manos: contacto directo con una persona infectada o vía indirecta al tocar una superficie previamente contaminada (pueden permanecer activos en la piel o superficies durante unas dos horas).

· Pequeñas partículas al toser o al estornudar que permanecen en el aire.

· Partículas de mayor tamaño que requieren contacto muy cercano con la persona infectada.

La duración del cuadro catarral y de los síntomas suele ser de siete días, con algún síntoma persistente hasta dos semanas (en el 25 por ciento de los pacientes). Sin embargo, existen una serie de síntomas cuya persistencia o no mejoría después de diez o quince días, debe constituir una señal de alarma ante una posible complicación del cuadro catarral (sinusitis, bronquitis o neumonía, agudización de cuadros asmáticos, otitis del oído medio).

La Sociedad Española de Geriatría y Gerontología recomienda consultar con el médico ante los siguientes síntomas:

· Rinorrea purulenta y congestión nasal.

· Disminución o ausencia de olfato (anosmia).

· Dolor dental.

· Presión en el oído o sensación de ocupación.

· Tos persistente con expectoración mucopurulenta.

¿Cómo prevenir?

Existen algunas medidas que han demostrado que son capaces de prevenir la aparición de catarros, llevarlas acabo en estaciones propicias para sufrir catarros, como es el invierno, resulta fundamental, según la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología es recomendable:

· Lavarse las manos con frecuencia para evitar la transmisión del catarro a otras personas (es especialmente importante hacer hincapié en el lavado de las uñas y de las muñecas). Si se sufre un catarro, es recomendable utilizar toallas de un solo uso para secarse las manos. Se debe hacer antes de preparar los alimentos, de comer y después de toser, de sonarse la nariz o de estornudar.

· Si no se pueden lavar las manos, se recomienda utilizar geles antisépticos con alcohol, ya que son desinfectantes y existen en cómodos y pequeños envases e incluso en monodosis.

· Evitar tocarse los ojos, la nariz o la boca tras hacer tenido un contacto directo con una persona afectada por un catarro.

Diferenciarlo de la gripe

Aunque existe cierta confusión al respecto el catarro y la gripe son enfermedades diferentes. La Sociedad Española de Geriatría y Gerontología recuerda que la gripe está causada por el virus parainfluenza, es estacional y existe una vacuna anual, que no es efectiva en el caso del catarro o resfriado común. Aún así, a veces pueden confundirse ambos cuadros, sobre todo en las fases iniciales. En la siguiente tabla podemos observar las diferencias entre ambos.

  CATARRO GRIPE
SÍNTOMAS    
Fiebre. Rara. Frecuente, dura 3 ó 4 días.
Cefalea. Rara. Frecuente.
Dolor generalizado, mialgias. Leves o ausentes. Frecuentes.
Debilidad. A veces. Frecuente (hasta 2-3 semanas).
Agotamiento. Raro. Muy frecuente (sobre todo al inicio).
Rinorrea. Frecuente. A veces.
Estornudos. Frecuente. A veces.
Dolor de garganta. Frecuente. A veces.
Tos, malestar en el pecho. Leve a moderado Frecuente, puede ser severo.


Las revisiones oculares son imprescindibles para detectar las complicaciones oculares derivadas de la diabetes y evitar la posible pérdida de visión .

  • Se estima que el riesgo de ceguera en el diabético es 25 veces mayor que el de la población general.
  • Las fluctuaciones en los niveles de glucemia pueden provocar cambios repentinos en la graduación

Más de cuatro millones de personas conviven con la diabetes en España, cifra que representa aproximadamente el doce por ciento de la población. Estas personas presentan un mayor riesgo de perder uno de los sentidos más preciados: la visión. Se estima que el riesgo de ceguera en el diabético es 25 veces mayor que el de la población general. Por ello, el Consejo General de Colegios de Ópticos-Optometristas, con motivo del Día Mundial de la Diabetes, hace un especial llamamiento para que las personas con diabetes se conciencien de lo imprescindible que son las revisiones periódicas, ya que la detección y el tratamiento tempranos pueden limitar la posibilidad de pérdida de visión.

Pero las revisiones periódicas no solo son útiles para detectar las complicaciones oculares de la diabetes, sino que, además, pueden ser claves para detectar la propia diabetes, tal y como advierte el Presidente del Consejo General de Colegios de Ópticos-Optometristas, Juan Carlos Martínez Moral: “En ocasiones, los primeros signos de diabetes se descubren durante un examen ocular rutinario”.

Complicaciones oculares asociadas a la diabetes

La diabetes se asocia con un grupo de problemas oculares que pueden derivar en pérdida de visión o, incluso, ceguera. En concreto, las personas con diabetes presentan un mayor riesgo de:

  • Retinopatía diabética, que es el daño a la retina, la capa más interna del ojo, causado por un inadecuado control de la glucosa durante un periodo prolongado. Aunque la mayoría de las personas con diabetes tipo 1 y muchos pacientes con diabetes tipo 2 experimentarán finalmente algún grado de retinopatía, el diagnóstico temprano y un tratamiento adecuado pueden detener la pérdida de visión. Las personas que sufren retinopatía diabética no suelen notar cambios visuales drásticos, especialmente al inicio de su enfermedad, cuando puede ser tratable, lo que pone de manifiesto la utilidad de las revisiones periódicas.
  • Cataratas, un oscurecimiento del cristalino que bloquea o cambia el modo en que la luz alcanza el ojo.
  • Glaucoma, que es un incremento de la presión del fluido en el interior del ojo que provoca daños en el nervio óptico y pérdida de visión. Los diabéticos presentan el doble de riesgo de padecer glaucoma que el resto de las personas.
  • Edema macular, una acumulación de líquido en la zona más sensible de la retina que causa visión borrosa en la parte central o lateral del campo visual.
  • Desprendimiento de la retina, una de las causas más comunes de ceguera en la diabetes, que tiene lugar cuando los vasos sanguíneos separan la retina de la parte posterior del ojo.

Además de estas complicaciones, en las personas con diabetes, las fluctuaciones en los niveles de glucemia provocan cambios refractivos, que se traducen en aumentos o disminuciones de la agudeza visual. Ante un episodio de hiperglucemia, el cristalino experimenta variaciones que desembocan en miopía, con lo que el paciente tendrá dificultades para ver de lejos. Al controlar rápidamente la glucemia, se produce justo el efecto contrario.

Todos estos cambios son transitorios hasta que se alcanza la estabilización de la glucemia. Tanto es así que los cambios refractivos continuos pueden ser una señal de que la persona padece diabetes, mientras que en los pacientes ya diagnosticados a menudo reflejan un descontrol metabólico.

Lentes de contacto desechables, solución transitoria

En estos periodos en los que se experimentan cambios refractivos por un descontrol glucémico, es recomendable el uso de lentes de contacto desechables. “Se trata de una solución cómoda, rápida y eficaz, que evita cambiar las lentes de las gafas hasta que la graduación se estabilice”, explica Martínez Moral.

Revisiones, según la etapa vital

Para detectar a tiempo las posibles complicaciones oculares de las personas con diabetes, conviene realizar revisiones oculares atendiendo a la etapa vital:

–          Entre los diez y los 29 años, se debe realizar un examen completo, como mínimo, entre los tres y los cinco años posteriores al diagnóstico de la diabetes y, luego, una vez al año.

–          Los mayores de treinta años deben acudir al especialista en el momento del diagnóstico de la diabetes y, posteriormente, una vez al año.

–          Las embarazadas en estado pre-diabético deben someterse a una revisión ocular antes de quedarse embarazadas y durante el primer trimestre de gestación.

–          Las personas diabéticas con complicaciones oculares deben examinarse con mayor frecuencia.

 

Cada año fallecen más de 1.400 personas mayores de 65 años a causa de caídas dentro y fuera del hogar.

La Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, coincidiendo con el Día Internacional de la Discapacidad, que se celebra el sábado 3 de diciembre, advierte de los problemas de movilidad y barreras arquitectónicas a los que se enfrenta el anciano con discapacidad.

  • Según la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) las consecuencias médicas de las caídas suponen con frecuencia el inicio de la discapacidad en el anciano. Así, una de cada diez caídas genera lesiones severas: fractura de cadera, hematoma subdural, contusiones y heridas, entre otras.
  • La Sociedad Española de Geriatría y Gerontología denuncia que, aunque el derecho a la movilidad y la necesidad de eliminar barreras arquitectónicas esté ampliamente legislado, son escasos los estudios que a nivel nacional comprueben el cumplimiento de la legislación a este respecto.

Con la edad, el riesgo de caídas aumenta, nuestros reflejos ya no son lo que eran y nos movemos más lentamente. Al hecho de envejecer, se unen una serie de enfermedades prevalentes como el Parkinson, las demencias, la artrosis, los problemas visuales o auditivos, aumentando el riesgo considerablemente. Pero, además de estos problemas físicos que llegan con los años, hay que añadir las barreras arquitectónicas que tienen que superar a diario los ancianos discapacitados.

Más discapacitados que dependientes

Según la encuesta de discapacidad de 2008, el número de personas con alguna discapacidad o limitación por encima de los 65 años es de 4.454.200, de los cuales 2.415.900 tienen problemas de movilidad.

Actualmente, el 25,51 por ciento de la población mayor de 65 años es dependiente. Hablamos de una cifra total de 2.064.486 dependientes, lo que supone que las personas con discapacidad doblan en número a las personas dependientes.

Mortalidad y caídas

Existen registradas, en el año 2009, 1.438 personas por encima de los 65 años que han fallecido por una caída. Esto supone el 25 por ciento del total de muertes accidentales anuales en ese rango de edad, sin haber datos claros sobre morbilidad de las mismas.

“Nos encontramos con que, como en otros muchos aspectos, los ancianos son los más proclives a tener una discapacidad frente a la población general”, explica el doctor Alfonso González, coordinador del Grupo de Osteoporosis, Caídas y Fracturas de la SEGG. “La discapacidad física les hace más vulnerables a las caídas, que representan según el Instituto Nacional de Estadística más de 1.400 muertes al año”, advierte el doctor González.

Consecuencias físicas y personales

Los estudios epidemiológicos indican que uno de cada tres ancianos se cae al menos una vez al año. El estigma personal y social que para un anciano supone una caída, provoca que, en ausencia de lesiones severas, el afectado no solicite ayuda, y dichas caídas menores queden sin registrar. Reconocer por parte de un anciano que se ha caído, le supone admitir, en cierto modo, la pérdida de autonomía personal, tan valorada a estas edades.

“Lo dramático de esta situación es que las cifras oficiales son muy inferiores a la magnitud real del problema. El anciano que se cae, si puede, oculta la caída, por lo que muchas veces desde la Geriatría no podemos poner en marcha la medidas de prevención adecuadas. Hay que concienciar a la población mayor que las caídas son un importante problema de salud y que existen especialistas dedicados a prevenirlas y tratarlas. Lamentablemente —explica el doctor González— son las consecuencias médicas mayores las que ponen de manifiesto el problema, y éstas son con frecuencia el inicio de la etapa de discapacidad. Así, una de cada diez caídas genera lesiones severas, entre las que podemos citar la fractura de cadera, el hematoma subdural y contusiones y heridas, entre otras”.

Recomendaciones para evitar caídas

Ante este problema de gran magnitud, la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, recomienda llevar a cabo las siguientes acciones tanto dentro como fuera del hogar:

En el hogar:

1- Los muebles nunca deben ser un obstáculo. Si es necesario, pide a alguien que los mueva para poder moverte libremente sin tener que esquivarlos.

2- No dejes nada en el suelo, ni alfombras, mantas, cajas, cables u otros objetos. Puedes acabar tropezando con ellos.

3- La iluminación de los espacios es muy importante. Utiliza bombillas de al menos 60 vatios de potencia y si se funde alguna y no puedes cambiarla, pide ayuda a familiares o vecinos, pero no te quedes a oscuras.

4- A la hora de subir escaleras, asegúrate de que la barandilla está firmemente agarrada y si hay alfombra, que ésta esté sujeta a cada uno de los escalones.

5- Intenta colocar los utensilios de uso habitual al alcance de la mano para evitar usar escaleras. Nunca te subas a una silla para alcanzar algo.

6- Usa zapatos de suela antideslizante y tacón bajo y evita las sandalias o chanclas.

7- Si no te sientes seguro al caminar usa un bastón o un andador, así la base de apoyo será mayor.

8- Si el suelo de la ducha o del baño es resbaladizo, coloca esterillas de caucho antideslizantes bien fijadas al suelo. Y, si es posible, cambia la bañera por un plato de ducha. Además, haz que te instalen barras de apoyo, te ayudarán a la hora de entrar o salir de la ducha o de levantarte del retrete.

9- Haz ejercicio regularmente. El ejercicio fortalece el cuerpo y mejora el equilibrio y la coordinación.

10- Pon un teléfono cerca del suelo, por si te caes y no te puedes levantar o, mejor aún, lleva contigo un dispositivo de alarma que te permita pedir ayuda en caso de caída.

En la calle:

Es imprescindible que se cumpla el Real Decreto 505/2007, de 20 de abril, donde se indican las condiciones básicas de accesibilidad y no discriminación de las personas con discapacidad para el acceso y la utilización de los espacios públicos urbanizados y de las edificaciones. En el artículo 17 de dicho Real Decreto, también se regula la obligación de garantizar accesibilidad y seguridad del peatón, con un paso continuo y sin resaltes, en caso de obras, así como “una señalización adecuada y rigurosa de delimitación, advertencia y peligro, que debe ser perceptible por personas con cualquier tipo de discapacidad”.

A pesar de que el derecho a la movilidad y la necesidad de eliminar barreras arquitectónicas esté ampliamente legislado, incluso en nuestra Constitución, lo cierto es que son escasos los estudios que a nivel nacional comprueben el cumplimiento de la legislación a este respecto.

El público en general y las instancias decisorias ignoran a menudo el gran número de personas que viven con discapacidades y deficiencias y los problemas que han de afrontar.

Según las OMS, alrededor de un 15 por ciento de la población mundial, es decir, mil millones de personas, viven con algún tipo de discapacidad.

Sobre la SEGG

La Sociedad Española de Geriatría y Gerontología es una de las sociedades europeas más numerosa y activa. Actualmente cuenta con más de 2.400 socios de áreas multidisciplinares: médicos (especialistas en geriatría, en atención primaria, etcétera), sociólogos, diplomados en enfermería, trabajadores sociales, psicólogos, pedagogos, terapeutas, ocupacionales, fisioterapeutas, geógrafos, arquitectos, economistas, farmacéuticos…

Para la SEGG, las personas mayores son su principal razón de ser y por ello su trabajo persigue dos líneas principales de actuación: la universalización de la atención geriátrica especializada con el fin de evitar desigualdades y el seguimiento de la ley de la “dependencia”.